Este regalo le gustaría a Puigdemont

Este regalo le gustaría a Puigdemont

dijous 21 de desembre 2017 - 19:45 a dijous 12 de març 2111 - 13:45

La ​Navidad​ es el tiempo de los niños, las esperanzas, los buenos deseos y de la luz que vence a la noche. Les deseo paz y amor.

https://www.youtube.com/watch?v=bopMQNMAC3g&list=PLOiVQC-Yxt0NUtSqIx7vO6...

En el anterior artículo examiné ciertos aspectos que evidencian el carácter extraño y poco amable de nuestro Universo. Pero no piensen ni por un momento que la cosa se queda ahí: se barrunta que hay un Universo gigantesco que estaría por ahí dando brasa. Pues, sí, señores y señoras, parece que hay otro Universo envolviendo al nuestro, que se viene llamando Metauniverso. Hablamos de un Corral más grande que el familiar (el de toda la vida, vamos), y del que no sabemos casi nada. Bueno, se conjetura que la distancia que se debería recorrer para alcanzar uno de sus bordes –desde cualquier punto del nuestro- sería de 10 elevado a la potencia + 2.000.000 de años luz (Bryson, Rees y otros). Quién pueda imaginarse esa distancia, le ruego que tenga la bondad de ponerse en contacto conmigo. Tiene pagada una cerveza con cacahuetes o almendras tostadas (a escoger).  

Pero no todo son malas y/o deprimentes noticias. ¡Qué va! Nuestro Universo es de tipo sencillito en cuanto a sus dimensiones: largo, ancho, profundo y tiempo. To lo vivo Es en la conjunción de esas cuatro dimensiones, tres espaciales y una temporal, que conforman el manido espacio-tiempo; que no es solo escenario, sino también como actor. Tan hermoso binomio cambia sus proporciones según la interacción con diferentes masas (la materia material). ¿A que es bonito? Con estas coordenadas es posible precisar la situación de cualquier cosa que esté por ahí flotando y vagando. Pero no todo el monte es orégano: ignoramos si puede contener más dimensiones, otras distintas, que nosotros, pobres humanos, no podríamos detectar. Otro follón. Y en estas va Mukhanov nos alegra la velada: Si tratas de entender usando tu mente, que trabaja con tres dimensiones, cómo sería un mundo de 20 dimensiones, te volverás majareta. Yo ya casi lo estoy… No hace falta ampliar el Corral; con las dimensiones actuales ya te puedes volver majara. Metauniverso, múltiples dimensiones, multiversos (muchos universos danzando en ningún sitio),… conforman la Gran Tragedia. En consecuencia (reflexión general), el estudio del Universo tiene a día de hoy unos límites rotundos y difícilmente franqueables, más misterio que lo de la Gürtel. Un poco más de modestia nos vendría de perlas para capear la dura aventura del conocimiento científico de lo que hay por ahí fuera.

Sin embargo, la tecnología nos permite llegar muy lejos en la observación del Universo profundo, y detectar cuerpos y fenómenos ignotos e increíbles hace 60 años. Los astrofísicos disponen de potentísimos telescopios de diversas clases. Pero no piensen que se pasan la noche observando el cielo en busca de bichos raros y demás. Cada telescopio solo escruta una parcela muy pequeña del Universo, y los datos que obtiene los procesan potentísimos ordeñadores, que escupen a los astrónomos datos ya digeridos (Chapman). También enviamos sondas a diversos planetas del sistema Solar y otras que van más allá del cinturón de Kuiper, formado por un porrón de bichos raros, cometas y pedruscos helados (saldos de la formación del sistema Solar), que constituyen una de las estructuras más externas del sistema Solar. Que se salen del barrio, vamos.

Con todo, esos adelantos tecnoógicos no constituyen, de momento, una ventaja decisiva para escrutar el Universo, ya que las distancias (y los tiempos) son apabullantes, como acabamos de ver. Un dato situará las cosas en su sitio real: el artefacto que tenemos más cerca del sistema Solar es una estrella a la que llamamos Próxima Centauri. Pues bien, nuestra “próxima” vecinita está a 4 y pico años luz de distancia. Es decir, que para visitarla tendríamos que viajar 4 y pico años a la velocidad de la luz: o 25.000 años a la velocidad que llevan nuestros cohetes actuales (Bryson). Y no hay cohete ni leches en vinagre que pueda acercarnos hasta allí. A no ser que logremos crear un bucle en el espacio-tiempo que ponga en contacto ambos extremos. Estamos más solos que un pulpo en el Everest. El Universo tiene unas dimensiones desalentadoras; a las que se suma el hecho cierto de que estamos dando vueltas como lelos en el sexto pino de ninguna parte. De ninguna parte. Rodeados de vacío, silencio, muerte y frío. ¡Uf!

 

 

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Sobre l'autor

Salvador Martínez. Jubilado inquieto y curioso, que se pasea por una de las más apasionantes fronteras del conocimiento humano. Ante notario ha dejado escrita la frase que debe esculpirse en su lápida funeraria: "Aquí yace un tipo que dedicó su vida a comprender este mundo y sus alrededores. Fracasó." Y otra debajo: "Es la primera vez que hago un viaje sin tener ni idea de adónde voy"
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