¿A qué viene esa vanagloria?

¿A qué viene esa vanagloria?

dijous 18 de maig 2017 - 15:45 a dimecres 04 de desembre 3450 - 00:00
¿A qué viene esa vanagloria?

 

(En este bonito dibujo se representa un tramo del ADN con sus bases, sus nucleótidos, su doble hebra en espiral y su cosa).

Somos nuestros genes, una apreciable cantidad de energía y un cerebro simbólico-racional. (Sentencia galaico-portuguesa).  

Había dejado la cosa en que los bichos se van haciendo cada vez más complejos, variados -biodiversidad al canto- y hermosos, y que poseen ciertas características fundamentales: cerebro, celoma –espacio entre órganos, simetría y tal. Sin embargo, he ido muy deprisa, por lo que conviene tirar patrás y volver a la enjundiosa bronca del Principio de la Vida.

Al primer bicho viviente que holló la Tierra –una célula-glóbulo sin núcleo-se le ha puesto el curioso nombre de LUCA; nuestro primer antepasado, del cual descenderíamos todos los bichos vividos y vivientes. Excuso decir que es improbable que procedamos todos y todas de un único bicho unicelular. Antes bien, tuvo que haber muchas primeras células iguales que transmitieran su código genético a sus descendientes; no una sola. La teoría del “Primero de…”, se cae con todo el artesonado en biología evolutiva.

Hace ya muchos años, la investigadora-guerrillera Lynn Mangulis, propuso la teoría del origen común y elemental de todos los bichos vivientes que han vivido y viven en el mundo. Esto es: que unas en el tiempo- a unos miserables microorganismos. ¡Quién lo iba a decir! Esa visión sigue vigente, y corroborada por los estudios de genética evolutiva. Amén. 

Todos los bichos que pueblan y han poblado la Tierra están integrados por moléculas complejas compuestas en su plataforma básica por una precisa y singular combinación química de átomos de nitrógeno, hidrógeno, oxígeno, carbono… Las biomoléculas surgen de la especial combinación de esos elementos, que siempre se articulan alrededor del carbono, que es un elemento con una pasmosa facilidad para enlazarse con otros elementos. Y de la unión de esas moléculas, cada vez más complejas, y con el tiempo y una caña (larga), empezarán a surgir los primeros bichos que se mueven, comen y cagan, se reproducen y la espichan. Proeza gorda y portentoso evento donde los haya. Por lo que respecta a nosotros, amén de esos cuatro elementos tenemos unas miajas -precisión léxica ante todo-  de azufrefósforo. Un escritor de ciencia ficción del que no recuerdo el nombre dijo que los humanos somos unidades autónomas de carbono. De carbono y una pizca de otros elementos, pero en principio es así. Y la fuente primaria de energía de todo lo vivo es el Sol. Así que ya tenemos el Circo montado: la materia y la energía para ponerse en movimiento.  Y no hay nada más que rascar; que mira que hay gente a la que le gusta marear la perdiz e irse por los cerros de Úbeda.

Y hay que tener claro que la vida no fue generada por la materia –bio compuestos- de manera puntual; bien al contrario, fue el producto de billones de billones de ensayos a lo largo de millones de años en charcas inmundas y/o en fumarolas marinas (Oparin). Así es más comprensible que algunas veces sonara la flauta (celular). Las biomoléculas elementales que pululaban por la sopa prebiótica se tuvieron que unir para formar largas cadenas de moléculas complejas –aminoácidos, azúcares, ácidos grasos, proteínas... Y para eso se necesitaba la energía del Sol (Asimov). Este es un paso fundamental: de moléculas simples y aisladas –monómeros- a complejas y encadenadas –polímeros-. Los polímeros prebióticos -que están en la línea de salida de la Vida- son compuestos químicos de alto peso molecular, que se forman por la unión repetitiva de moléculas más simples, los monómeros. Las proteínas son un buen ejemplo de polímeros. Lo despatarrante de la cosa es cómo una biomoléculas complejas empiezan a generar información que traspasan cuando, también de manera desconcertante, se replican. Eso es lo increíble (de momento). Pero, insistamos: no es necesario un ente todopoderoso para rastrear el origen de la Vida por la formación espontánea de moléculas de proteínas (Michio Kaku). Y de las proteínas a la Vida solo hay que cruzar un puente​.

A ver si puedo aclarar la cosa de los escalones básicos de la Vida vital. En lo más chiquirritín del ADN se hallan los nucleótidos, formados por pares de bases nitrogenadas a partir de la adenina, guanina, timina y citosina (más uracilo​ si es el ARN, pero ni caso); habitualmente designadas por sus iniciales: A,C,G y T, y liadas de dos en dos. Ahí está el principio principiante principal de la vida. Estos pares de sustancias -puede haber millones de secuencias- se organizan de manera ordenada como dos hebras helicoidales que se enroscan para formar el ADN. Esas hebras en espiral tienen unos grupos adyacentes: un grupo fosfato y otro glúcido –ribosa, azúcar de toda la vida, para entendernos). Cada par de bases hidrogenadas con sus dos grupos laterales forman un nucleótido. Estos nucleótidos se unen para formar palabras en las que se leerá, a su debido tiempo el código genético. El santo Grial de la bioquímica evolutiva. Los guardianes del supremo poder de la información y la auto-reproducción. El principio del Principio. La base de To lo vivo. (En llegando a este punto, procede sacarse la boina y saludar respetuosamente). Las  palabras son la base de los genes, que son la unidad básica de información biológica. El conjunto de genes de un bicho forma el genoma, incluido en el ADN, que es la enciclopedia en la que se determina que un bicho tendrá descendientes parecidos. ¿Y el código genético? Sencillo: es el que permite leer la secuencia –orden de ​colocación- de los aminoácidos que forman a las proteínas, que constituye ni más ni menos que la información para la reproducción.

Babel es una película muy interesante dirigida por ​González Iñárritu​. La banda sonora, excelente, incluye una propuesta de ​Shinichi Osawa​.

https://www.youtube.com/watch?v=vNwibfvO8zE

 

 

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Sobre l'autor

Salvador Martínez. Jubilado inquieto y curioso, que se pasea por una de las más apasionantes fronteras del conocimiento humano. Ante notario ha dejado escrita la frase que debe esculpirse en su lápida funeraria: "Aquí yace un tipo que dedicó su vida a comprender este mundo y sus alrededores. Fracasó." Y otra debajo: "Es la primera vez que hago un viaje sin tener ni idea de adónde voy"
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