Una bolsa de palomitas en el Funatic y el creacionismo

Una bolsa de palomitas en el Funatic y el creacionismo

diumenge 26 de febrer 2017 - 19:30 a diumenge 07 de febrer 2512 - 00:00
Una bolsa de palomitas en el Funatic y el creacionismo

 

(En esta bonita foto se ve una butaca del Funatic ​con su pertinente ración de palomitas y su reposa vasos para degustar una refrescante Mirinda​ mientras se visiona una buena película).

Hemos visto lo híper difícil y azarosa que ha sido la eclosión de la Vida; y las, ves per on, adecuadísimas y precisas condiciones previas que tenía la Tierra hace unos 3.500 millonejos de años de nada. Declino meterme en el pantano químico de las exactas y estrechas proporciones entre los gases de la atmosfera, que posibilitan la Vida. O en los enlaces tan complejos como milimétricos de las biomoléculas, en las que la más mínima variación impediría la vida. Estamos aquí de pura chiripa. Mucha más chiripa que la de aquel señor del PP de Castellón de la Plana, al que le tocó varias veces el Gordo de la lotería. (Los hay con suerte…).

 ¡Ah, que por eso mismo se necesitó un dios que obrara el milagro? ¿Por qué se necesitó? ¿De dónde sale esa ocurrencia tan poco ocurrente? Curioso: todo tiene explicación científica en el rollo de la vida menos los momentos de sus primeras concreciones, y ahí se ceban. Si la única incógnita por resolver fuera la del paso del australopitecus al homo hábilis, los creacionistas meterían la gamba precisamente ahí: se necesitó un dios para hacer ese paso. ¿Vamos captando por dónde va la cosa? No obstante, seamos humildes (a la fuerza ahorcan): leí no hace tanto las declaraciones del físico italiano Guido Torrelli, una autoridad en física experimental, en las que señalaba que apenas conocemos un 5% del Universo, en sus múltiples manifestaciones. Poca broma. Pero, sin duda, la ciencia descubrirá cómo se verificó el paso de las biomoléculas (proteínas, glucosa, lípidos…) a los primeros bichos. Y no olvidemos que no es exactamente la materia la que forma la vida, sino las leyes que poseen esa propiedad. Leyes que se ensayan hasta casi el infinito. (Por otra parte, si quieren ustedes asistir  a auténticos milagros, no se pierdan la cartelera del circo Elefant d'Or de Figueres​; en el que trabajan esforzados y valiosos voluntarios, como la señora Pilar​)​.

Otra objeción que hacen los creacionistas es la siguiente: ¿cómo es que no se ha vuelto a producir vida partiendo de materia inerte? Mi respuesta personal también es una pregunta (donde las dan, las toman): ¿Quién ha dicho que no se ha vuelto a producir vida unicelular a partir de biomoléculas biodisponibles? Por otra parte, la gigantesca eclosión de la vida en la Tierra ya no precisa de esos saltos de lo inorgánico a lo orgánico. Y ya que ha salido la cosa de la magia, los creacionistas de todo pelaje olvidan que la Evolución de las especies continúa, y surgen otras nuevas. Generalmente por procedimientos artificiales de hibridación y, últimamente, por modificaciones en los genes. ¿Los caballos existían hace 200 millones de años? No, padre. ¿Pero había mamíferos? Sí, padre, pero no caballos. ¿Las jugosas manzanas Pink Lady existían hace 100 años? No, padre. ¿Los simpáticos chuchos doberman destrozaban gargantas hace 1000 tacos? No, padre.  ¿Las bacterias de las anginas, eran las mismas hace 300 años? Tampoco, padre. ¿Por qué tenemos que vacunarnos cada año de la gripe? No seas cansino, padre, porque el virus muta. Es evidente que la aparición de especies se explica por mecanismo naturales y, ahora, también artificiales. Corolario: la Evolución es un hecho indiscutible. Recombinación, mutación, deriva genética, Selección Natural… tales son los caminos por los que transita la Evolución: ensayo, error, acierto, billones de billones de veces. Y tira p’alante.

Con todo, hay que reconocer que las frías verdades de nuestra era científica resultan desagradables para muchos (Sagan); desalentadoras. Nos vemos como miserables huérfanos sin valor ni aprecio en un rincón provinciano de un Universo cruel e indiferente. Y eso duele en varias zonas del alma. De ahí el auge de las religiones tradicionales y la aparición de mil y una religiones ad hoc que intentan romper el silencio universal mediante sándalo y ruedas-patata en los solsticios. Moraleja: la libertad de pensamiento es dura, como la vida, y casi siempre conduce a la soledad. Pero es el instrumento que nos hace libres. Si quieren ser libres, no hace falta que vayan por la calle en cueros y dando voces. Basta con pensar por cuenta propia; pero eso es muy difícil y, sobre todo, está mal visto. Pero, tan desoladoras nuevas no deben impedir que saboreemos unas palomitas recién hechas mientras videamos una interesante película en el Funatic, cuya cartelera se encarga de glosar con rigor y amenidad mi amigo Macià Pelegrí.

El público conoce y disfruta la Misa de la Coronación, de ​Mozart​. Pero no todos han oído el Concierto de la Coronación. Brutal. (Atención a la pianista solista).

https://www.youtube.com/watch?v=50CJTm2tLuQ

 

 

 

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Sobre l'autor

Salvador Martínez. Jubilado inquieto y curioso, que se pasea por una de las más apasionantes fronteras del conocimiento humano. Ante notario ha dejado escrita la frase que debe esculpirse en su lápida funeraria: "Aquí yace un tipo que dedicó su vida a comprender este mundo y sus alrededores. Fracasó." Y otra debajo: "Es la primera vez que hago un viaje sin tener ni idea de adónde voy"
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