En las trincheras no hay ateos y en la Bolsa no hay creyentes

En las trincheras no hay ateos y en la Bolsa no hay creyentes

dijous 09 de juny 2016 - 20:15 a divendres 11 d'agost 2017 - 04:00
En las trincheras no hay ateos y en la Bolsa no hay creyentes

(En esta bonita imagen se ve un pequeño sector de nuestro apabullante  Universo. ¿Existe una mano directora, un propósito consciente en todo el tinglado, o solo obedece a las leyes de la Naturaleza?)


 

En el artículo anterior, habíamos dejado la cosa en que los teístas continúan con el sermón afirmando que tuvo que ser Dios el que pusiera orden y concierto en la singularidad inicial del Universo (el Gran Pedo o Big Bang), y organizara su desarrollo hasta llegar a nosotros, que seríamos la punta del iceberg de la cosa universal (Martin Gardner). En este sentido, el gran físico Andréi Linde opina que si uno va de ateo por la vida, más le vale abrazar la hipótesis de los pluriversos; ya que la teoría de un solo Universo con su principio y tal es terreno abonado para las derivaciones teológicas. La cuestión no es de grado menor, y todos los talentos abordan el incómodo tema.

Me detengo un momento en Gardner para explicar varias cosas. Es un tipo muy conocido por su habilidad divulgadora de paradojas, razonamientos racionales y conjeturas conjeturables y ándale. No obstante, ha dedicado un tocho a explicar por qué cree en un dios, en una inmanencia todopoderosa y omnisciente. Cuya voluntad ignoramos, aunque queremos creer que es bondadosa. Casi nada. Desde la primera página deja claro que su visión no se puede someter al razonamiento, ni mucho menos a la verificación experimental. Un gesto que le honra. Se trata de fe. De una creencia en un Ser supremo y en la esperanza de que todas las jodidas penas y trabajos de este mundo se compensen con otra vida gozosa espiritual tras la muerte.

Esto último es fundamental: si no hay vida ultraterrena, ¿para qué narices necesitamos a Dios? Por otra parte, cada vez hay más creyentes cristianos y no cristianos que pasan de probar la existencia de Dios. Cada uno a su bola: los creyentes, eso, la creencia-fe; la ciencia el conocimiento verificable. A mí me parece muy bien ese enfoque, y nos ahorra un montón de papel gastado en sostener las más abstrusas hipótesis. Gardner confiesa que su vivencia espiritual le vino de repente, como un salto a otros ámbitos de la conciencia. Un fulgor que ciega por un momento la mente para abrirle la puerta de otra dimensión del ser. Y para eso no solo no se necesita la ciencia, sino que estorba. Hasta aquí, bien de color y todos contentos.

El atormentado filósofo danés Soren Kierkegaard –el de que va, que va, yo leo a Kierkegaar, de Faemino y Cansado- ya sentenció hace tiempo la cosa: el deseo de encontrar una evidencia racional a la existencia de Dios delata la debilidad de la fe. Así que… Otro tanto deberían hacer los científicos serios: renunciar para siempre jamás demostrar que Dios no existe o lo contrario. Es legítimo buscar teorías ciertas sobre el Gran Pedo o el Origen de la Vida. Pero sin cruzar la delgada línea roja que separa conocimiento empírico de creencia. Dominus vobiscum.

¿Qué es eso nuestro de nuestras carnes vivas que se va a vivir otra vida ulterior? Correcto, el alma. Que sería algo parecido a una conciencia individual trascendente (el concepto es de mi cosecha, y no estoy seguro de que se ajuste a lo que se entiende  por alma). Inmortal. Ya se ha dicho por algún sitio que si tienes fe y no le das mucho a la perola, te ahorras muchos problemas existenciales. En eso coincido con don Miguel de Unamuno; que reflexionó mucho sobre el tema. ¿Qué tus esperanzas se cumplen en el otro barrio? Perfecto. ¿Qué no se cumplen y no hay nada? También perfecto ya que no te enteras. Por tanto, creer es un buen negocio y cuesta muy poco. Lo perverso es cuando esta visión religiosa-espiritual invade realmente el terreno de la Realidad real. (Lo de la Realidad tiene su punto, pero quedémonos con la acepción corriente del término y lo que evoca). Entonces, la fe se convierte en un instrumento de la ignorancia, la alienación (pérdida de la identidad personal y el libre pensamiento) y el fanatismo. Solo falta ver a los radicales musulmanes para corroborar todo esto.

Recuerdo que en mi juventud, si es que alguna vez fui joven, que ya no lo sé, circulaba un argumento para certificar que eso del alma, Dios y demás era una patraña. La cosa iba de la anécdota de un cirujano que, tras 40 años destripando panzas, concluye que jamás ha encontrado la escurridiza alma en el interior de sus pacientes. ¡Menuda chorrada! Tampoco se encuentra la memoria o la conciencia cuando se analiza pos-mortem un cerebro. Como se ve, cretinos hay en las dos trincheras.

En mi opinión, pensar que un dios organizó un follón de no te menees hace 14.800 millones de años o por ahí, a partir del cual se inició una azarosa e híper complicada evolución y dispersión, con casi infinitos procesos de creación-destrucción, que incluyen, entre billones de billones de billones de ellos, los billones de billones de billones de sucesos que sucedieron sucesivamente en un planeta vulgar de una estrella promedio de una zona remota para conseguir producir un mono con autoconciencia, es, cuanto menos, improbable. Y mucho más, en mi opinión, pensar que todo este sidral gigantesco, caótico y ultraviolento se construyó para que unos simios raros, que nacieron hace cuatro días, y de manera azarosa, pudieran admirarlo y estudiarlo. Si un dios hubiera querido crearnos con todo Circo, lo habría hecho de un solo impulso, de un solo acto fundacional. ¿O es que ese dios no podía actuar de otra manera, no podía violar las leyes de la Naturaleza?¿Voy bien?

 

Pink Floyd ha sido, es y será uno de los mejores grupos del Mundo mundial; tal vez el mejor. En esta ocasión, cargan contra la educación tradicional, victoriana.

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Sobre l'autor

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Salvador Martínez. Jubilado inquieto y curioso, que se pasea por una de las más apasionantes fronteras del conocimiento humano. Ante notario ha dejado escrita la frase que debe esculpirse en su lápida funeraria: "Aquí yace un tipo que dedicó su vida a comprender este mundo y sus alrededores. Fracasó." Y otra debajo: "Es la primera vez que hago un viaje sin tener ni idea de adónde voy"
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