Para saber si una empresa goza de buena salud, hay que analizar si su balance está equilibrado. En la parte relativa al activo, los bienes y derechos aparecen desglosados en dos grandes grupos: el activo no corriente (es decir, las inversiones duraderas que permiten el funcionamiento de la actividad –locales, maquinaria, etc.–) y el activo corriente (que corresponde a los créditos y derechos que su empresa puede convertir en líquidos en el corto plazo –en un período inferior a 12 meses–, como pueden ser los clientes y deudores, las existencias, o los saldos de las cuentas corrientes).
Así pues, en la parte relativa al pasivo aparecen las fuentes de financiación de todos esos bienes y derechos que se desglosan en el patrimonio neto (los fondos que los socios aportaron a la empresa y los beneficios de años anteriores que no se han distribuido), el pasivo no corriente (las deudas con vencimiento superior a un año) y el pasivo corriente (las deudas con vencimiento inferior a un año, como, por ejemplo, las deudas con proveedores).
Pues bien, es conveniente que estas “masas patrimoniales” guarden relación entre ellas en los siguientes términos: