Mi punción dural. El postparto que nunca imaginé.

Mi punción dural. El postparto que nunca imaginé.

divendres 21 d'octubre 2016 - 00:15
Mi punción dural. El postparto que nunca imaginé.

Estaba preparada. Me había informado y me habían avisado. “No te preocupes por el parto, lo más duro es el postparto”. Sabía que sería un mes difícil, pero no, no estaba preparada para esto, no para una punción dural. ¿Y eso qué es?

Todo empezó el día después. Desperté en el hospital de buena mañana, con el pequeño Leo junto a mi, en la cama, recién nacido. Me sentía agotada después de un parto muy largo, duro, con todo lo que no queríamos (monitores, oxitocina, rotura de bolsa, pruebas del PH, antibiótico, epidural...) y que acabó en cesárea. Me dolía todo pero estaba feliz, muy feliz. Agotada pero al mismo tiempo llena de energía para disfrutar del primer día de tres, el primer día de nuestra nueva vida. Trajeron el desayuno dos enfermeras que me ayudaron a levantarme para ver cómo estaba todo. Y ahí mismo lo vimos: era imposible, imposible levantarme. Tan pronto me incorporaba automáticamente sentía como toda la espalda, el cuello y las cervicales se contracturaban y aparecía un dolor de cabeza insoportable. Nunca había sentido un dolor así, era como una presión enorme en toda la zona que te hace encoger y llorar de dolor acompañado de mareo. La cara de la enfermera me transmitió que algo no iba bien y sabía lo que era, pero muy cariñosamente me ayudó a tumbarme de nuevo y me dijo que avisaba al médico. Cuando vino, el diagnóstico fue rápido y claro: es una cefalea postpunción dural accidental, una de las posibles complicaciones que puede tener una epidural. (En este enlace podéis encontrar toda la información técnica al respecto) El tratamiento: reposo absoluto en la cama, codeína, cafeína y analgésicos.

Sabíamos que la estancia en el hospital sería más larga pero no parecía tan grave, o al menos los médicos no parecían darle demasiada importancia. Se pasará, no se sabe en cuantos días exactamente, pero se pasará. Y los días pasaban y el dolor persistía. Acabamos el tratamiento y nos dieron el alta para seguir con el reposo en casa. Había pasado una semana. Y es entonces cuando después de un breve momento de euforia porque al fin estamos los tres en casa te invade una tristeza máxima al darte cuenta que no puedes hacer nada y que dependes totalmente de los demás. Sabíamos que el postparto era duro, pero disfrutar de tu pequeño lo compensa. Pero... ¿Qué pasa cuando no puedes disfrutarlo. Cuando no puedes cogerlo, abrazarlo, cambiarlo, pasearlo... cuando simplemente no te puedes mover de la cama? Intentas ser positiva, pensar que todo pasa y ofrecerle lo mejor de ti a tu bebé. Por suerte la lactancia funcionó desde el primer minuto y pasábamos mucho tiempo juntos tumbados en la cama. Parecía que lo entendiese, cogido al pecho uno al lado del otro, cara a cara, mirándonos, y las lágrimas se deslizaban por mi mejilla al sentir que no podía ofrecerle todo lo que quería. Las dudas, el miedo, el no saber qué te pasa... todo te confunde. Miras por internet y la información que encuentras es muy técnica, repetitiva y aparecen nuevos temores al ver las posibles complicaciones que pueden llegar. Y una de ellas apareció: visión borrosa. Afortunadamente, después de realizar una resonancia de urgencia, descartaron daños mayores así que a seguir esperando. Paciencia decían. Pero la paciencia se acaba. Y empiezas a buscar culpables pero ves que no te sirve de nada, que la lucha es interna, contigo misma, que los miedos debes superarlos, pero al mismo tiempo buscas respuestas que no llegan.

Ya llevábamos dos semanas cuando nos plantean una nueva opción: realizar un parche hemático para acelerar la cicatrización y recuperación. Parecía una buena opción pero las complicaciones podían ser la mismas que con la epidural, con lo cual el miedo era inevitable. A pesar de todo decidimos tirar adelante, simplemente por hacer algo, buscar una solución que no fuese simplemente esperar. Y funcionó, sin necesidad de hacer el parche. Ese día, el día que tenía que entrar de nuevo en quirófano, experimenté una mejoría considerable. Conseguí llegar de casa al hospital sin mareo y con un dolor de cabeza mucho más soportable. Era una gran paso y muy importante con lo que la doctora nos aconsejó esperar puesto que la evolución era buena.

Siguieron pasando los días y poco a poco fui consiguiendo pequeños retos (ducharme, desayunar en la mesa, ver un rato la tele en el sofá...), pequeñas acciones cotidianas que en ese momento parecían auténticas maratones. Cumplimos tres semanas y con la ayuda de un osteópata reducimos la tensión acumulada en toda la espalda y el dolor de cabeza también fue aminorando.

Hoy, 48 días después, puedo decir que por fin hacemos vida normal pero todavía arrastrando dolor de cabeza en algunos momentos del día, especialmente por la noche. Seguimos esperando, pero ahora sí, disfrutando de todos y cada uno de los momentos que vivimos en familia junto a Leo y me siento con fuerzas de explicar mi experiencia porque creo que puede ayudar a otras madres que estén pasando por lo mismo y, sobre todo, informar de los peligros reales que supone optar por la epidural. Cuando te explican las posibles complicaciones que puede producir este tipo de anestesia nombran dolor de cabeza, pero esto no es un dolor de cabeza normal, esto es una pesadilla. Considero que se debería informar más y mejor. Somos una pareja que hemos leído mucho acerca del embarazo, el parto, fuimos a clases de preparación... y en ningún momento oímos hablar de la punción dural. Sabiéndolo quizás más de una mujer renunciaría a la epidural, sin duda yo lo haría.

Así que si has llegado a este escrito buscando información sobre la punción dural porque la estás sufriendo, aquí van algunos consejos:

  • Aunque ahora te parezca imposible, llegará un día en que sí, podrás levantarte y salir a pasear con tu pequeño/a. Visualízalo y lucha por ello.
  • Habla, habla y habla. Comparte todos tus sentimientos, sensaciones y miedos con quien creas que mejor puede ayudarte. Tu pareja, tus padres, amigos... Si te lo quedas dentro la bola se hará enorme y será muy difícil de digerir. Ellos también están sufriendo y harán todo lo posible por ayudarte. Déjate cuidar.
  • Llora, todo lo que necesites. Porque sí, porque no era lo que imaginabas, porque tienes todo el derecho a estar triste, a sentir rabia.
  • Pero no te olvides de reír. Aunque todo te parezca horrible cada día te ofrecerá momentos inolvidables y maravillosos al lado de los que más quieres, especialmente tu bebé. Empápate de su energía, de su paz, de su belleza, de todo! Y sonríe! Porque son días muy duros, pero también los más bonitos de tu vida. No los dejes escapar. Haz fotos, vídeos, y cuando estés triste, dale al play!
  • Y ahora que ya has leído esto, deja de buscar por internet! Es normal, no sabes qué te pasa exactamente y buscas respuestas, pero cada cuerpo es un mundo y solo te entrarán más dudas y miedos que no sirven de nada.

Y si estás leyendo esto y has pasado por lo mismo te animo a compartir tu experiencia y ayudar así a otras súper mamis luchadoras e intentar que cada vez sean menos las que pasen por ello. Seguro que si le dabas el pecho a tu bebé durante esos días lo hacías siempre en posición horizontal, no había otra opción. Así que si tienes una foto de ese momento puedes subirla a las redes con el hashtag #mipunciondural y así podremos conocernos y entre todas crear una pequeña campaña informativa.

Tan solo me queda dar las gracias a todos los que habéis estado siempre ahí cuidándome y animándome y especialmente a ti, Leo, porque tu mirada lo cura todo. ¡Bienvenido a la vida!

 

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Sobre l'autor

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Apassionada del món audiovisual i la comunicació. Vaig néixer a Lleida el 16 de gener de 1984. Havia boira i feia molt fred. Suposo que per això m'encanta l'estiu i intento sempre veure les coses clares (com a mínim enfocades). Ara també aprenent de mare.
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