MAGIA CUÁNTICA: LA REALIDAD MÁS ALLÁ DE LA RAZÓN. (1).
Aunque sea un viejo truco de feriante vendedor de mantas, entiendo que lo mejor será empezar el baile por un capítulo atractivo, con el fin explícito de fidelizar al lector y templar gaitas para artículos más sesudos. En efecto, el universo cuántico es tan paradójico que presenta no pocos fenómenos más propios de la magia que de la ciencia. Voy a repasar algunos de ellos para abrir boca.
Electrones en pos de las rendijas.
Empiezo la función con el bonito y afamado número de la doble-rendija, que tanta admiración y pasmo ha producido en niños y mayores. Es uno de los clásicos de la física de partículas para ejemplificar no solo la dualidad onda-partícula, sino también lo raro que es este mundo ultra microscópico. Ilustra muy requetebién la naturaleza de la física cuántica y deja al espectador un tanto alicaído al comprender que la realidad ya no es lo que era. Con Franco esto no pasaba, joder!
Bueno, la versión clásica del numerito prescribe un “cañón” que lanza, por ejemplo, electrones contra una pared en la que se han practicado dos ranuras verticales, finas y próximas. Tras esa pared, se dispone una pantalla para recoger los electrones, dotada con sensores geiger, para contar los electrones que impactan sobre esa pantalla. Pues bien, tapamos una de las rendijas con una placa de plomo, impenetrable para su majestad el electrón, y empezamos a bombardear la pared con una única ranura abierta. Al poco empezaremos a oír los pitidos de los geigers que indican que aquellos electrones que han atravesado la rendija abierta llegan a la pantalla. Tras el bombardeo, observamos el patrón de impacto en la pantalla y comprobamos que se distribuyen, aquí y allá, formando una franja vertical, versión ampliada de la forma de la rendija. ¿Vamos bien? Hasta aquí nada de raro, el electrón se ha comportado como un machote que es; o sea, como partícula. Lo bueno viene ahora. A continuación repetimos el experimento con las dos rendijas abiertas. ¿Y qué sucede? Pues que los electrones atraviesan la pared por las dos rendijas; pero inmediatamente después de atravesarlas forman un patrón de interferencias de onda propio de las ondas.
¡Albricias! Al llegar a la pantalla detectora forman diversas franjas verticales en las que se alternan las que presentan concentración de electrones con las que están vacías de ellos, pues así se comportan las ondas cuando interfieren: vacío-lleno-vacío-lleno. Ya que cuando colisionan las crestas con las crestas de las ondas, la onda se amplifica y se materializan los electrones en la pantalla. En caso contrario (valle con cresta), la onda se anula y no se detectan los electrones en la pantalla. Ya tenemos las franjas verticales paralelas de gran concentración de electrones, separadas por franjas verticales en las que no hay electrón alguno. La onda finalmente ha vuelto a convertirse en partícula. Eso ya empieza a oler a cuerno quemado. Pero hay más. Anda si hay!
Dado que algún malpensado podría suponer que la emisión de electrones simultánea a ambas rendijas podría indicar que dos o más electrones pasan a la vez por las rendijas simulando un patrón de interferencia de ondas, vamos a disparan los electrones de uno en uno. Uno cada minuto. Lo que sucede es que se obtienen los mismos resultados.