El señor Puigdemont es el pastor

El señor Puigdemont es el pastor

dimecres 06 de febrer 2019 - 17:15 a divendres 06 de febrer 3333 - 01:00
El señor Puigdemont es el pastor

(En este bonito dibujo, unos autralopithecus debaten ideas y posturas no exentas de referentes éticos. Se diría que eso de ir a dos patas, las traseras, no fue muy bien recibido por la comunidad.  Incluso lo tachó de inmoral y contrario a las buenas maneras y usos acostumbrados eso . Ya, mucha moral pero ellos iban en pelotas. Asimismo, se puede deducir que es un episodio más de la eterna querella entre progresistas y retrógrados. ¿Les suena de algo?).

Continúo con la cosa de nuestros ancestros pre-humanos. Tenemos las huellas de los pieses de unos australopithecus impresas en un suelo que en su momento fue sedimentario. Esas huellas atestiguan que ya andaban a dos patas, sin mucho salero, pero a dos patas. Partir antes del alba, por tanto. Previamente, por mutación genética errónea, ya dispone de una pelvis más estrecha, que para su nicho selvático y su locomoción a cuatro patas es un engorro. Pero cuando las condiciones cambien y deban adaptarse a ecosistemas más áridos y despejados, las modificaciones de la carrocería le permitirán ponerse de pie con garbo y tronío. ¡Diana en todo el centro! La pelvis más estrecha viene de perlas para mantener el equilibrio cuando se anda a dos patas. Hay un porrón de literatura científica sobre las modificaciones de la pelvis, el fémur y demás que no incluyo en el relato por ser demasiado técnica y espesa.

Eso del estrechamiento de la pelvis tiene su cosa, ya que para las mujeres es fatal tener el Canal de parto más estrecho que cuando andaban a cuatro patas. Eso hace que los partos sean difíciles, y a veces imposibles. Con la consiguiente muerte de la mujer y/o la criatura. Y menos mal que los niños vienen al Mundo con un tercio de su capacidad craneana, que si nacieran con toda la perola hecha y derecha, la especie se hubiera extinguido por imposibilidad de parir. Una cagada genético/evolutiva, una imperfección/defecto de nuestra carrocería, en este caso de la de la mujer. Para que luego digan que la Naturaleza es sabia.

Bueno. Esos bichos eran antropomorfos, pero todavía no humanos. A los que llamaré homínidos, pre-humanos, saltándome la prolija taxonomía más o menos oficial. Ya no utilizan los nudillos para acompañar la marcha, se desprenden de casi todo el vello corporal. El dedo gordo de los pieses deja de hacer pinza con los otros. Menudas vaciladas se debían pegar esos tipos por el vecindario. Y encogen la mandíbula inferior (Kean). Menos simios que antes y más otra cosa que todavía no estaba clara: eran un camino. Inexplorado. Sin embargo, aún tenían mucho de simio. Por ejemplo, una marcada cresta sagital; un hueso que sobresale y recorre el cráneo de la frente hasta casi el cogote. Como el corte de pelo de un guerrero mohicano, pero en hueso. Y la nariz está aplastada, ya que carece de tabique nasal. Bailando entre dos aguas: la pre-humana y la humana. Tampoco el cubicaje de su cocotera es para tirar cohetes, pero algo aumenta. 

San Darwin dejó dicho que los sapiens-sapiens no éramos más que simios con la dentadura pequeña. Y ese proceso empieza con poblaciones del género australopithecus. Recuerdo al sufrido/sufriente lector que de una especie de ese género -conjunto de especies fuertemente relacionadas entre sí en lo tocante a su genoma- surgirán los primeros humanos. Al igual que con anterioridad (mucha), de unas poblaciones de ardipithecus, surgieron los australopithecus. Y dale que te pego.

Si los viéramos por la calle, y tras el susto inicial, percibiríamos en ellos un halo de humanización incipiente, inquietante pero familiar. Un brillo en sus ojos que ya marcaba tendencia. Un parentesco que hay que asumir, añado. Y ya se sabe: no escogemos a la familia.

Marea es un interesante grupo español, con letras no exentas de carga social: Y nunca seguí al rebaño, porque ni el pastor ni el amo eran gente de fiar. Una actitud que suscribo sin reservas. 

https://www.youtube.com/watch?v=emKgNT3COGQ

 

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Sobre l'autor

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Salvador Martínez. Jubilado inquieto y curioso, que se pasea por una de las más apasionantes fronteras del conocimiento humano. Ante notario ha dejado escrita la frase que debe esculpirse en su lápida funeraria: "Aquí yace un tipo que dedicó su vida a comprender este mundo y sus alrededores. Fracasó." Y otra debajo: "Es la primera vez que hago un viaje sin tener ni idea de adónde voy"
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