Opinió

El tiempo es lo que impide que todo suceda a la vez

El tiempo es lo que impide que todo suceda a la vez

 

(En este bonito dibujo se ve cómo estaba la cosa antes del Gran Pedo o Big Bang)

Ilya Prigogine, el ruso poco ruso, dedicó mucho tiempo al estudio de la termodinámica, disciplina despreciada por otros talentos, que consideraban más prometedor y brillante el estudio de la gravedad o de la mecánica cuántica. Sus ecuaciones pusieron de manifiesto la íntima relación entre movimiento, transferencia energética y calor. Esa relación mediría el traspaso de energía entre sistemas en contacto. Y en ese traspaso estaría metido de cuatro patas el tiempo. Jodido, ¿no? No se preocupen: la cosa es bastante más sencilla de lo que parece: tiempo, espacio, materia y energía forman una unidad de destino en lo universal (y nunca mejor dicho). Si no hay materia ni energía, no hay tiempo ni espacio ni na de na. Y si tenemos materia y energía circulando por ahí (espacio), hay intercambios de estado calórico, movimientos, y ahí ya estamos de nuevo en el tiempo.

Pero un tiempo relativo, no absoluto. Uséase: si queremos medir el tiempo que tarda una galaxia en hacer una rotación completa, el tiempo que marca el Rolex no es real. Además, cuando la galaxia completara su rotación, ese reloj sería poco más que polvo. ¿Se entiende la complejidad de la cosa? Carlo Rovelli, siempre latino, se apunta al bombardeo: En las ecuaciones fundamentales el tiempo no existe. El tiempo no se puede visualizar ni asir ni percibir ni na de na. Vemos fenómenos, manecillas del reloj que se mueven, pero no el tiempo. Ora pro nobis. (Por cierto, les recomiendo Siete breves lecciones de física, de Rovelli. Es reconfortante constatar que los talentos explican de manera sencilla lo más complicado. De lo que se deduce que servidor no es un talento).

Pero Prigogine no se queda ahí. Se pregunta, nos pregunta, si hubo un principio del tiempo. Esto es, y para que se entienda, un momento a partir del cual se pusieron en marcha todos los relojes, todos los intercambios de calor. Esto inquieta al gallinero, el cual, vuelve la vista hacia el Gran Pedo, hacia el Principio del Todo, que suele conocerse como Big Bang. ¿Recuerdan ese follón? ¿Con ese Pedo nace el tiempo? Según Prigogine, lo que nace es nuestro tiempo, el que nosotros podemos asumir y aceptar. Corolario: el nacimiento de nuestro tiempo no es el nacimiento del tiempo, el cual preexistiría antes del Gran Inicio. Para eso, nuestro hombre se agarra a la cosa de la singularidad cuántica que parece ser que existía antes de la aparición del Universo. Esa singularidad sería algo muy próximo al vacío, con una densidad casi infinita –casi-, una energía brutal y unas dimensiones tipo Torrebruno, mu pequeñicas. ¿Les vale un grano de arena para visualizar su tamaño? Pues algo así. ¿Qué es increíble que en un grano de arena pueda estar toda la energía del Universo enlatada? Por supuesto que es increíble e irreal; y de esa irrealidad surgió, mire usted por dónde, la Realidad del Universo.

Pero como en ese grano bullían las fluctuaciones cuánticas, es presumible que algún tipo de tiempo podría darse, ni que fuera negativo, o en bucle: positivo-negativo anulándose mutuamente. Esas fluctuaciones cuánticas darían lugar a interacciones entre partículas energéticas elementales en un campo que podría denominarse vacío fluctuante). Y eso ya implica movimiento y fluir de energía; y el movimiento cierta manifestación de tiempo, tal y como lo intuimos. Otro tiempo, un tiempo reversible unido a un campo cuántico inimaginable, que se anularía en cada retorno de una partícula/bosón a su estado anterior, para volver a crearse-destruirse en un ciclo inacabable, marcado por un equilibrio energético en todos los puntos. El bucle que acabo de nombrar, vamos. No estaríamos ante un tiempo latente, sino ante otro tipo de tiempo, tipo chicle, que iría hacia adelante y hacia atrás respecto a los estados cuánticos. Ahí es na.

No obstante, para algunos ese tiempo sería latente, potencial, no en acto. Estaría siempre allí –que no sé sabe qué coño quiere decir ese allí– esperando pacientemente a que empezara el Espectáculo: el Nacimiento del Universo. El tiempo que alcanzamos imaginar ni es estático ni se puede desligar del espacio, así que arreando. Además, antes de ese traumático y violento Nacimiento, es inconcebible precisar un allí y, si me apuran, un acullá: sin espacio es imposible una topografía: ¿dónde se sitúan cosas si no hay dónde situarse? ¡Menudo rollo verbenero!

¿Lo entienden? No se preocupen, nadie lo entiende completamente y pa siempre. Es más, los grandes talentos acaban invocando a la filosofía para desentrañar el misterio misterioso del tiempo. ¡Ah!, y ni les cuento lo de la posibilidad de que actúen dos tiempos a la vez sobre la cosa de la Realidad, como postula cierta teoría de cuerdas, que eso ya no hay Dios que pueda siquiera imaginarlo.

Prince se pegó tal chute de fentanilo que la última vez que se le vio fue dando vueltas por Próxima Centauri. Por suerte, antes nos dejó bonitas canciones.

https://www.youtube.com/watch?v=i3LHatq2u4k

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