En los viejos y buenos tiempos a nadie le amargaba un dulce

En los viejos y buenos tiempos a nadie le amargaba un dulce

dilluns 12 de setembre 2016 - 18:00 a dilluns 01 de gener 3512 - 06:15

 

https://www.youtube.com/watch?v=2wD1LmxO_4w

(En este bonito vídeo, se explica muy sencillamente qué es la fotosíntesis y su importancia).

Muy buenas. Este artículo continúa con el tema de la Evolución. Quién lo iba a decir...

En el artículo anterior, habíamos dejado la cosa en que para crear en un laboratorio seres  autorreplicantes, se precisa recrear las condiciones ecológicas y geológicas de la Tierra temprana, contar con unos cuantos millones de kilómetros cuadrados como campo de experimentación, y efectuar un billón elevado a un billón de pruebas y experimentos. Que así es como apareció la vida. Un día tenía que sonar la flauta y aparecer los primeros bichos procariotas, que ya tenían su membrana, sus proteínas, su ARNm (para reproducirse con garbo y tronío) , su citoplasma (la chicha) y su cosa... Y se movían y se reproducían y se estructuraban en formas de complejidad creciente. ¡Esto marcha! Según una hipótesis bastante plausible, las primeras asociaciones cooperativas de células se dieron en forma de tubos, por cuyos huecos las células que formaban las paredes expulsaban los desechos de manera más eficiente.

Pero hay más cera de la que arde. Fíjense sino en el caso de la fotosíntesis: las plantas generan materia pre-orgánica –azúcares y demás- transformando materia inerte y demás. Un proceso en el que la luz solar es la protagonista, la cual, al final del ciclo, ha transformado esta en energía bio-química para crecer. De tal manera que un árbol, un suponer, crea nuevas ramas vivas mediante elementos naturales inanimados, los cuales transforma gracias a la socorrida fotosíntesis. Obtenemos materia orgánica y energía oxidando materia inorgánica, agua y dióxido de carbono; y todo gracias a la luz. ¡Aleluya, aleluya! De lo cual es fácil deducir que sin la energía solar, no existiríamos. Por la sencilla razón de que no existirían las plantas; y sin ellas, adiós oxígeno, adiós la neutralización del dióxido de carbono y demás. Informo de que esa transformación es de índole cuántica; lo cual explicaría un fenómeno tan extraño y fastuoso. La mecánica cuántica explica por sí sola que la vida surja de la materia inerte. He dicho. Y esa energía se almacena para su uso en moléculas del aminoácido adenosín trifosfórico (ATP). La inmensa mayoría de los seres vivos dependemos en último término del prodigio de la fotosíntesis (Arsuaga). Los más viejunos recordarán que cuando éramos pequeños y volvíamos de hacer deporte –o de hacer gamberradas, lo más habitual- nuestras madres nos daban azúcar para reponer la glucosa que habíamos empleado en producir energía cinética (correr, tirar piedras, romper bombillas, escupir a las chicas y demás prácticas edificantes). Para pasmo de diabéticos, resulta que el cuerpo necesita mucha glucosa​, que no es más que un tipo de azúcar. Sin ella no podríamos ni ir a mear.

Al margen de la polémica gallinácea, reparen en la bonita fórmula que añado a continuación, y en la que ve claramente el numerito mágico de la fotosíntesis, imprescindible para la vida:

CO2+H2O+luz = C6H12O6+O2

O lo que es lo mismo, la luz transforma el dióxido de carbono y el agua en glucosa y oxígeno (este último es expulsado a la atmosfera). Ojo al dato: la glucosa, un azúcar, ya es una biomolécula; así que, arreando. Para culminar con éxito este complicado proceso se precisa el concurso de la clorofila, una molécula compleja de carbono hidrógeno y oxígeno que se encarga de transmitir la energía a las células vegetales (Brian Cox). ¡Bingo, ya tenemos la base de la vida!

Nosotros utilizamos el oxígeno que llega por el torrente sanguíneo, para producir glucosa, que la tenemos esbarriada en las células. Durante las delicadas fases de esa genial y vital transformación generamos  un porrón de energía, imprescindible para nuestros esbeltos cuerpos. Parte de esa energía  se manifiesta en forma de calor, que es la parte de la energía que no utilizamos para las tareas importantes: metabolismo, división celular, funcionamiento órganos, movimientos de todo tipo… Tan solo somos un equilibrio inestable energía-materia. Una danza primordial que nos remite a los albores del Universo.

Tras el rollo de la fotosíntesis y sus milagros, les veo indicando alegremente que sin una semilla previa, que dé lugar al árbol y tal, no hay nada que rascar; que no hay fotosíntesis, ni mutación de lo inorgánico a lo orgánico. Y eso nos conduce al jodido dilema de qué es primero: el huevo o la gallina, ¿no? Sin embargo, les ruego que valoren el hecho de que con materiales naturales e inertes se produce vida vegetal. Y eso cambia las cosas. Mucho. Por cierto, que no se me olvide: primero fueron la gallina y el huevo al unísono. Sencillo, ¿no? Y no se olvide que sin el concurso de la física y la química no se puede entender el fenómeno de la vida. Y como decían los clásicos: los fenómenos naturales tienen causas naturales, que pueden ser entendidas por la mente humana. Amén.

Babel fue la primera película que vi de González Iñárritu; y me gustó mucho. La banda sonora no desmerece, y para muestra ahí va esta versión de Remenber september, firmada por Shinichi Osawa.  

https://www.youtube.com/watch?v=aDOAjlVhCas

 

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