Opinió

En el horizonte se divisa un refulgente futuro o de allí a la eternidad

En el horizonte se divisa un refulgente futuro o de allí a la eternidad

 

(En este bonito dibujo se ve la explosión de vida, acuática, experimentada en el Cámbrico)

En el anterior artículo, repasaba los primeros inventos evolutivos gordos, sin perder de vista el Norte de este blog: el homo sapiens-sapiens; nosotros mismamente. Es decir, como nuestros antepasados evolutivos van adquiriendo características, órganos y funciones que heredaremos nosotros.

Continuemos. Hay más antes y despueses fundacionales. Ejemplo: el que separa las primeras formas de vida, poco visibles, de las de los animales más o menos complejos, similares es sus características fundamentales a los actuales. La gran explosión y complicación de la vida se produce a partir del periodo Cámbrico. Empezó hace unos 550 millones de años de nada. Cuando la vida en la Tierra ya llevaba sus buenos 3.000 millones de años; y sus 2.500 y pico millones de añejos cobijando vida. Esto es, que la cosa vital fue más lenta que el caballo del malo. A partir de ahí asistimos a una explosión de vida gorda. Explosión de vida, tanto en cantidad como en diversidad y complejidad. Empiezan a aparecer bichos con órganos y de complejidad creciente a porrillo. Y hay jugosas novedades en el Corral. Por ejemplo, y sin ir más lejos, aparecen los esqueletos duros, mineralizados. Gozosa circunstancia que posibilita la obtención de más restos de bichos, en forma de fósiles. La aparición de los esqueletos constituye uno de los enigmas más enigmáticos de la Evolución de las especies: aparecieron rápidamente en múltiples formas y en un contexto natural que no los exigía (Martínez. Otro Martínez, no yo; que todavía no he llegado al extremo, patético, de citarme a mí mismo). Sea como sea, a partir del Cámbrico y por ahí, se inicia el Festival evolutivo que llega hasta el presente. ¿Vamos bien?

Por esqueleto no solo debe entenderse solo el interno, que articula y estructura nuestros bodys, sino también los externos, tipo mejillón. Ventaja evolutiva gorda donde las haya. Y misterio misterioso en el devenir de la Evolución de los bichos. Y esta telenovela no tardarán en aparecer en escena los primeros peces, con su esqueleto interno, su cola, su simetría su cabeza, sus ojos, su boca, y su cosa. Y, pásmense: llevan mandíbula de serie. ¡Boca con mandíbula! Gran invento, proclamo, que permitirá diversificar las fuentes de alimentación. ¡Esto marcha! En un tipo concreto de pez se halla sin duda otro de nuestros antepasados lejanos. No está mal para empezar. Pero habrá que continuar mucho. Muchísimo.

Y ni les cuento el desarrollo de los cerebros, con cada vez un mayor número de neuronas especializadas en las diversas tareas que realizan los tipos que circulaban por allí. Eso merece una aclaración aclaratoria. Lo primero que nos interesa es el incremento de la encefalización, que traduce la relación entre el cuerpo del bicho y el volumen de su cocotera. El tamaño de la sesera será cada vez mayor en relación al cuerpo. Pero el aumento de la azotea es una potencialidad, no una ventaja evolutiva en sí misma. Esto es, que un crecimiento del cerebro no implica necesariamente ni inmediatamente un aumento en la complejidad de las funciones del tipo que gasta esa cacerola: esto es: más neuronas, mejor conectadas, en áreas determinadas con funciones diferenciadas y tal.

Al respective cabe añadir que la toma de decisiones de los bichos surge de una red de interacciones neuronales de carácter electro-químico, coordinadas con todo el sistema nervioso, las cuales se combinan con el medio ambiente, con las características de cada especie y con las circunstancias específicas. No obstante, y hablando de nosotros mismos, continúa siendo un misterio misterioso cómo carajo una reacción electro-química  produce un pensamiento determinado, del tipo: Este fin de semana me iré a Katmandú a comer bambú. Pero de eso, les hablaré otro día.

Conclusión concluyente: no hay duda de que a partir de esas ya remotas fechas del Cámbrico y del Ordovícico, la complejidad y variedad de la vida experimenta un despegue exponencial.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, quisiera hacer un aparte necesario, en mi opinión. La cosa de la creciente complejidad de los sistemas nerviosos y cerebros de los animales, ha propiciado una polémica bastante sorprendente. La de saber si los animales superiores, los mamíferos actuales, tienen emociones y sentimientos. En mi opinión eso es como discutir sobre el sexo de los ángeles. Una memez. Pues claro que un perro tiene sentimientos (Albert Schweitzer). ¿Hay alguien, excepto los cretinos, que dude de que un perro, un gato o un delfín, por poner ejemplos a mano, tengan sentimientos; de que experimenten alegría, pena, temor, cariño, ternura y demás? Quién tenga la suerte de compartir su vida con una mascota mamífera sabe que los animales tienen sentimientos, ¡y hermosos! 

Ludwig van Beethoven compuso su sublime Novena cuando ya estaba sordo como una tapia. El insuperable Cuarto movimiento es el himno de la Unión Europea. 

 

 

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