Fluctuaciones cuánticas

Fluctuaciones cuánticas

dilluns 17 de novembre 2014 - 19:15 a dimarts 03 de febrer 2015 - 00:15

Las fluctuaciones cuánticas nos introducen en el comportamiento de la naturaleza en el mundo subátomico; esto es, en las manifestaciones y las mutaciones de la realidad en sus primeros peldaños. Me refiero, pues, a las oscilaciones frenéticas entre la energía y la materia que experimentan las partículas en un escenario espacio-temporal ultra-ínfimo, que pone los pelos de punta. Y ese frenesí parece ser una ley de la naturaleza, y el pilar fundacional de la realidad real. Las fluctuaciones cuánticas permiten, entre otras virguerías, generar materia a partir de la energía (ahí meten la cuchara el campo y el bosón de Higgs, de los que ya hablé en los artículos referidos a energía). Dicha materia generalmente revierte de nuevo en energía rápidamente. Pero no debe olvidarse que ese intercambio se produce en el infernal mundo subatómico, en donde reinan el dios Caos y la diosa Violencia. Una entidad puntual hace acopio de energía y se materializa para, ipso facto, devolver la energía y desmaterializarse. Una danza incesante, febril e inexplicable, que nos hace reflexionar sobre las intenciones últimas de la naturaleza (Feynman). Aunque hablar de intenciones respecto a la naturaleza tal vez sea inapropiado. ¿Que por qué se comportan así los bichos subatómicos?, pues no tengo ni la más remota idea, y si quieren que les sea sincero; ni yo ni nadie.

  Los sistemas en el nivel subatómico presentan, por tanto, comportamientos frenéticos, caóticos, turbulentos, desquiciados. El caos y la violencia, que tanto fascinan como incomodan a los físicos. Un mundo en el que el orden y el concierto que observamos en la naturaleza apreciable por nosotros desaparece por completo: partículas fantasmagóricas, que viven convulsamente en tanto que toman prestada energía por unas millonésimas de segundo; es decir, que sufren unas brutales fluctuaciones cuánticas en lo que a energía se refiere. Un caos de no te menees que se diría regido por un dios loco según la alternancia perpetua creación-destrucción. Rarito, ¿no? Pues la base básica de la naturaleza natural se comporta más o menos asín.  Iré más lejos: hace poco Hawking aseguró que los humanos somos el producto de las fluctuaciones cuánticas en el inicio del Universo (Big Bang o Gran Explosión); bueno, los humanos, el feldespato, la Osa Mayor y todo lo que se mueve. En el inicio del inicio, cuando la cosa universal tenía el tamaño de una pelota de tenis, o menos, pero una carga energética de mil pares de narices. Por aquel entonces o in illo tempore, parte de la energía se convirtió en las partículas que después formarían los átomos que más tarde formarían las moléculas que posteriormente formarían… los dinosaurios o el Everest, según vaya la cosa por un lado o por otro.

Pero aquí no acaba la función: en las desoladas praderas subatómicas se produce una distorsión tan potente del espacio, que este deja de tener una apariencia geométrica para adoptar una forma esponjosa, espumosa, turbulenta y caótica, que bulle de frenética actividad energética: imaginen una olla llena de grumos hirviendo; pues la cosa va por ahí. Ahí nada es lo que parece, ni hay norte ni sur, ni arriba ni abajo ni atrás ni adelante ni izquierda ni derecha ni gaitas templadas de la orientación y el posicionamiento, tan queridos por nosotros, puesto que nos producen seguridad y estabilidad. Tampoco el tiempo se muestra con su habitual flema británica en esos pagos, circunstancia que redondea la visión de un mundo alucinante e incomprensible. En este reino de la mecánica cuántica se manifiesta, por ejemplo, el fenómeno de la ubicuidad (una partícula está en muchos sitios a la vez), y nada puede ser medido o detectado con absoluta seguridad. La incertidumbre y la probabilidad son las palabras de moda en esos pagos terribles, en las capas más profundas de la naturaleza. Por fortuna, ese mundo violento y caótico de las fluctuaciones cuánticas desaparece a medida que aumentamos el tamaño de los sistemas. Al llegar al nivel atómico, las fluctuaciones cuánticas se anulan mediante el mecanismo denominado colapso cuántico. Así que tranquilos, las manzanas que tocamos continuarán sin explosionar en mil pedazos al tocarlas y tampoco se convertirán en haces de rayos gamma que nos perforen la cocorota.

Como el speach de hoy ha sido corto y suave, adjunto un vídeo, variante sudamericana, que habla del mundo subatómico; vayan directamente al minuto 3:40.

https://www.youtube.com/watch?v=ngKEgGMayC0

 

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