Historia de un segundo (1)

Historia de un segundo (1)

dijous 04 de desembre 2014 - 17:30 a divendres 27 de febrer 2015 - 12:30
Historia de un segundo (1)

 

El Universo es un lugar frío y tenebroso. (S. Hawking)

 

(En este bonito y conocido dibujo se reconstruye esquemáticamente la historia del Universo universal) 

 

Como señalé anteriormente, los fenómenos del cosmos se enmarcan en unas secuencias temporales y espaciales gigantescas: miles de millones de años y billones de kilómetros de distancia, y cantidades no menos gigantescas de estrellas, planetas y demás artefactos. Peeeero hay una fase en la vida del Universo que es fundamental y fundacional, y transcurre en fracciones temporales increíblemente pequeñas, casi infinitesimales. Esa fase es la inicial, durante el cual ocurren fenómenos colosales y de la máxima importancia. (Ah, se me olvidaba: ni se les ocurra preguntar por qué  existe el Universo o por qué tiene la forma que tiene o por qué se expande de la manera que lo hace y demás preguntas de fondo. La ausencia de respuestas ciertas es demasiado lacerante). Veamos qué sabemos del asunto.

Considero oportuno incluir previamente unas palabritas sobre cómo estaba el conocimiento del Universo en 1900 o por ahí; ya que la cosa tiene su enjundia y su guasa. Los que me aguantan el rollo de la física cuántica verán que el panorama de la física no podía ser más bucólico y pastoril al doblar el siglo XIX: armonioso y reconfortante. Todo funcionaba como un reloj, las cosas estaban en su sitio, daban vueltas de manera ordenada, las bolas del cielo estaban regidas por leyes infalibles, el Universo estaba ahí desde la época de Matusalén, inmóvil, centelleante, tenía unas dimensiones sensatas, como de ir por casa, había existido siempre tal y como se veía, y se esperaba que continuara así hasta que las ranas fueran al barbero.… Orden y concierto, tal era la conclusión que podía sacarse de ese mundo diseñado por la física clásica. Pues bien, al igual que en la física de partículas, la visión bucólica del Cosmos se fue al carajo. La física en su conjunto experimentó una drástica revolución que lo puso todo de patas arriba.

Ya Einstein había detectado en su teoría de la Relatividad general, que el Universo podía moveré, expansionarse, crecer. Pero fue el americano Edwin Hubble (sí, el del telescopio espacial) el que dio la puntilla a la visión newtoniana del Universo, gracias a su trabajo experimental en el observatorio Monte Wilson, el más potente de la época. Corría el año 1919. Corto y raso: el Universo se expandía, había un porrón de galaxias amén de la nuestra, la Vía Láctea; las galaxias se alejaban cagando leches unas de otras, sus dimensiones eran casi inabarcables, y era un follón de dimensiones insondables. Y todo fue llanto y crujir de dientes en las facultades de física. De esta forma tan radical se inició la revolución en astrofísica, la cual continúa en marcha a día de hoy. ¡La caldera hervía!

Bueno, volvamos a lo nuestro. (Paso por el momento de explicar el nacimiento de la cosa a la luz de las últimas hipótesis ligadas a los multiversos, supercuerdas  y sucedáneos. A su debido tiempo se verá por qué). Para empezar, nos hemos de situar en el principio de Todo. En el preciso e irrepetible instante en que se inicia el Big Bang, el cual podemos denominar en castellano la Gran Explosión. El Principio del Principio. Los físicos teóricos y los experimentos nos acercan más y más al momento cero y el punto cero, hasta casi poder acariciarlos, pero de ningún modo podemos describir y detectar ese punto-momento cero. A ese punto-momento cero de la zona cero se le llama  la gran singularidad o singularidad primera Como pueden ver, los físicos le ponen nombre a todo lo que se mueve. Aunque hay quien dice que llamar singularidad al momento-espacio cero, más que un concepto físico es el reconocimiento de nuestra ignorancia (Hacyan). ¿Que por qué no podemos llegar y estudiar el punto cero? Muy sencillo (o muy complicado): porque en el punto cero y momento cero no existía ni espacio ni tiempo, por lo que no hay manera de rascar nada: las leyes y procedimientos de la física son inaplicables a estados sin espacio ni tiempo ni movimiento.

Ítem más: la pregunta sobre qué había antes de la Gran Explosión no procede, ya que no puede haber un antes cuando no hay tiempo. ¿Complicado? Complicado y sujeto a mil y una conjeturas. Partimos, pues, de una singularidad primordial, la cual al parecer tenía un tamaño mil millones de veces más pequeño que un protón, y una densidad infinita. ¿Se imaginan? Personalmente abomino de las magnitudes infinitas: escapan a las leyes de la física y son inmanejables. ¿Que cómo puede un punto tan infinitesimal tener una densidad tan brutal y petar con esa ultraviolencia? Ni idea. Pero cuando se sepa, juro que les informaré inmediatamente. Más madera, fogonero: con todo, hay quienes dicen que la Gran Explosión pudo realizarse porque esa singularidad dispuso de un tiempo (sic) infinito para realizar la gran explosión (alguna vez tenía que tener éxito, subrayan). Pero ustedes, ni caso.

 

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Sobre l'autor

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Salvador Martínez. Jubilado inquieto y curioso, que se pasea por una de las más apasionantes fronteras del conocimiento humano. Ante notario ha dejado escrita la frase que debe esculpirse en su lápida funeraria: "Aquí yace un tipo que dedicó su vida a comprender este mundo y sus alrededores. Fracasó." Y otra debajo: "Es la primera vez que hago un viaje sin tener ni idea de adónde voy"
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