Las rutilantes estrellas del espectáculo. Una visión personal (y 8)

Las rutilantes estrellas del espectáculo. Una visión personal (y 8)

dissabte 22 d'agost 2015 - 17:30 a divendres 01 de gener 2016 - 15:00
Las rutilantes estrellas del espectáculo. Una visión personal (y 8)

 

(En esta bonita foto se ve un fragmento del tapiz de Bayeux en el que aparece el cometa Halley)

Buenas. En el anterior artículo hablaba de los cometas como otros tipos raros que pululaban por ahí. Marchando.

 Como todo en este Universo traidor, los cometas son unos bichos muy raros. Son grandes masas de hielo, metal y roca que circulan escopeteados completando amplísimas órbitas. ¿Dónde narices están? Pues en la franja externa del sistema Solar, más allá de Plutón. La mayoría orbita alrededor del Sol (hay cientos de millones de ellos) por aquellos lejanísimos territorios. No obstante, algunos se descarrían, cambian de plano orbital y empieza su largo viaje hacía el Sol (Gamov). Cuando esos bichos se acercan al Sol (que es el caso que nos ocupa), una parte se evapora por efecto del calor y del viento solar, esparciéndose materia en polvo y vapor de agua y amoniaco por el vacío. Esas emisiones son las que forman sus vistosas colas, que se extienden siempre en dirección contraria al Sol. Un símil chapucero de ese mecanismo podrían ser las estelas de gases que dejan los aviones en el cielo. Si su trayectoria se acerca demasiado al sol, pueden acabar derretidos totalmente, y desaparecer (Asimov).

No quiero acabar el misal sin hacer referencia a otros pedruscos que circulan aleladamente por el Universo: los asteroides, unos objetos masivos más pequeños que los planetas. Generalmente están compuestos de carbono y metales de todo tipo. (Se han detectado proteinas, aminoácidos  y tal vez algún microbio extraterrestres fósiles alojados en algunos de ellos). No hay que ir muy lejos para verlos en su salsa en el sistema Solar. Entre Marte y Júpiter tenemos un porrón de ellos. Con esos no hay problema, pues les da por dar vueltas al Sol sin salirse de la raya. Sin embargo, también existen asteroides que van a su bola y completan largas trayectorias elípticas o por ahí. Algunas de ellas, y de vez en cuando, se cruzan con la trayectoria de la Tierra. Esos tienen más peligro, ya que ocurrir que coincidan en la la intersección de ambas trayectorias: la de la Tierra y la del asteroide. Si el asteroide tiene un diámetro de, digamos, no superior a 100 metros, la cosa  suele quedar en un susto. Pero si choca con la Tierra un pepino de diez kilómetros de diámetro, un suponer, nos vamos todos al carajo. La energía cinética que lleva uno de esos bichos, dada la masa y la velocidad de colisión, es para giñarse en los calçotets. No quedaría ni el apuntador. Fijo.

¿Recuerdan el asteroide que cayó en el golfo de México hace un porrón de millones de años y se cepilló a los grandes saurios? Pues eso, que la fiesta puede montarse otra vez. De hecho, hay varios candidatos, cuya colisión con la Tierra es probable en un futuro más o menos lejano. Pero la cosa no se espera para mañana, ni pasado mañana: que no cunda el pánico. También existe otro tipo de choque entraterrestre casi inofensivo: el que se produce cada día en todas partes de piedras pequeñas (separadas de asteroides o cometas), que si son muy pequeñas se desintegran antes de llegar al suelo. Si al entrar en la atmósfera empiezan a arder se les llama meteoritos (un espectáculo digno de verse). Todos esos pedruscos son útiles para la investigación de la formación del sistema Solar, y de los materiales que lo componen. En este orden de cosas, se ha hecho un capazo de películas sobre la cosa del fin del Mundo por culpa del choque con la Tierra de un gran piedro. Ahora me viene a la memoria una que tal vez hayan visto: Armeggedon. Si mal no recuerdo, la cosa va de que unos valientes héroes estadounidenses se dirigen a toda pastilla al asteroide que se acerca a la Tierra y le meten unos petardos nucleares para fragmentarlo o hacerle cambiar de trayectoria. Al final nos salvamos (al menos los estadounidenses…). 

Bueno, bueno, bueno. Aquí doy por terminado el primer bloque de análisis primario. Las próximas entregas las dedicaré a la cosa de si existen o no los extraterrestres y demás bichos. Una temática más polémica y entretenida que las que he examinado hasta ahora. Mientras, que ustedes lo pasan bien.

Para las personas que hayan llegado hasta aquí, les dejo una bonita balada del tigre de Belfast (y su inseparable saxo): 

https://www.youtube.com/watch?v=WXiduWnb1dI

 

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Sobre l'autor

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Salvador Martínez. Jubilado inquieto y curioso, que se pasea por una de las más apasionantes fronteras del conocimiento humano. Ante notario ha dejado escrita la frase que debe esculpirse en su lápida funeraria: "Aquí yace un tipo que dedicó su vida a comprender este mundo y sus alrededores. Fracasó." Y otra debajo: "Es la primera vez que hago un viaje sin tener ni idea de adónde voy"
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