¡Los marcianos ya estan aquí!

¡Los marcianos ya estan aquí!

dimarts 12 de març 2019 - 15:45 a diumenge 07 de març 2219 - 13:30
¡Los marcianos ya estan aquí!

(En esta bonita foto se ve a un grupo de post-hippies-New-Age y tal en Stonehenge, haciendo de las suyas a la espera de que lleguen los marcianos. Aunque lo más probable es que lleguen unas cigüeñas y les lancen unas potentes cagadas. Es curioso el fervor que tienen los pirados por ese alineamiento circular. Se diría que transmite una energía cósmica que une el presente con el pasado y a todas las criaturas en un solo espíritu universal. Bueno, eso me lo acabo de inventar, pero seguro que por ahí les va la cosa).

Aprovechando lo de aquel asteroide con forma de pepino achatado (cosa rara), el macianólogo Avi Loeb vuelve a la carga con su ansia de encontrar marcianos (también llamados exobichos): que si lo más probable es que sean totalmente diferentes a nosotros; que si fueran buenos podríamos aprender cosas de ellos. (El/La sagaz lector/a ya habrá reparado en el uso del pretérito imperfecto de subjuntivo: fueran). ¿Pero y si no? También tendría que aclarar qué entiende él por bueno, y si esa definición coincidiría con la de los hipotéticos marcianos. A eso le llamo yo jugar a la ruleta rusa. Y continúa hurgando en el tema: puede ser que no nos encontremos con otras formas de vida, sino con restos, chatarra, de esas civilizaciones. Lo cual le invita a proponer una nueva disciplina: la arqueología espacial. Manda huevos. Mejor sería llamarla cacharrología. En fin, que hay suposiciones para todos los gustos.

Stephen Hawking, que se apuntaba, pobrecillo, a un bombardeo, y las decía de todos los colores, mete el cucharón en el potaje: En un universo infinito, tiene que haber otros casos de vida. Puede que, en algún lugar del cosmos, quizás, haya vida inteligente. Y se quedó tan ancho. No cabe duda de que su idea tiene sentido, pero lo pierde cuando la embute en un universo infinito. Si el Universo fuera infinito, tendríamos en la puerta de casa, o en el comedor, un porrón de cosas-bichos extraterrestres, pedruscos, cometas y demás. Y habría tal cantidad de estrellas echando luz en el techo, que necesitaríamos lentes opacas para salir de casa de noche. En un universo infinito habría infinitas cosas e infinitas repeticiones de objetos/bichos y demás. Cuidado con lo del infinito, que viene muy bien en matemáticas, por aquello de los límites, tendencias y demás. Pero en Física es un desastre.

¿Pero quién ha dicho que se tengan que buscar marcianos en otros lugares del Corral (también llamado Universo)? Astrónomos como Jason Wright afirman que bien podrían haber existido civilizaciones muy avanzadas en la Tierra, antes de emergen nuestra especie. Pongamos, en una horquilla que iría de los 5 a los 400 millones de años. Y que si no hemos encontrado todavía evidencias de su presunta existencia, es porque por lo general los restos, pasados unos milloncejos de años, desaparecen. Como pasará con los nuestros y con nuestra vanagloria. Es la leche, acabamos de descubrir bichos pluricelulares que se movieron por aquí hace 2.100 millones de años, pero no sabríamos encontrar los restos de civilizaciones con tecnología desarrollada de hace unos pocos millones de años. No parece muy consistente esa suposición.

A ese festival se apuntan con alegría digna de mejor fin los New Age, los neo-post-hippies, los quirománticos, espiritistas, nigromantes, apocalípticos, astrólogos y demás fauna. Y hablan de una civilización madre de todas las civilizaciones, que ha llegado a nuestro pecador conocimiento con el nombre de sus protagonistas, los atlantes. (La historia la puso en circulación Platón). Los cuales, y como su nombre ya marca, vivían en una isla gorda llamada Atlántida. (Algunos tal vez recuerden que en Lleida había una espléndida librería con ese nombre en la calle Sant Antoni). Pero por razones no muy claras, se fueron al carajo hace no sé cuántos miles de años. Una arcadia feliz gobernada por unos súper-tipos todo virtudes.

A mí no me gustaba la ópera, me aburría, hasta que Pili me llevó a ver una. Un espectáculo fascinante, en el que destacan soberbias arias.

https://www.youtube.com/watch?v=nAZa2do8dYI

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Sobre l'autor

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Salvador Martínez. Jubilado inquieto y curioso, que se pasea por una de las más apasionantes fronteras del conocimiento humano. Ante notario ha dejado escrita la frase que debe esculpirse en su lápida funeraria: "Aquí yace un tipo que dedicó su vida a comprender este mundo y sus alrededores. Fracasó." Y otra debajo: "Es la primera vez que hago un viaje sin tener ni idea de adónde voy"
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