Los orígenes de la botifarra catalana

Los orígenes de la botifarra catalana

divendres 03 d'agost 2018 - 16:30 a dimecres 31 d'agost 2118 - 03:00
Los orígenes de la botifarra catalana

(En este bonito dibujo se ve a unos bichos humanos, tal vez hábilis o ergaster, en plan manduca carroñera. La mamá enseña al hijo a degustar un sabroso steak tártaro a las finas hierbas. Obsérvese en el fondo a un bicho comiendo frutos).

En el antepenúltimo artículo señalaba la vital importancia de ser omnívoro, es decir, que tragábamos todo lo que nos echaban. En los primeros pasos de nuestra andadura zampabamos frutas, raíces, cereales silvestres, frutos secos e insectos. Poco después empezamos a comer carne como carroñeros. Y más adelante –un millón de tacos atrás- empezamos a cazar y a pescar. Y finalmente nos convertimos en criadores y plantadores. Pero esa es otra historia, la de la Revolución Neolítica, que queda fuera de mis objetivos. Hace dos millones de tacos ya no teníamos la dentadura preparada para roer tallos duros, como otros simios. Pero chalabamos con las semillas duras de los cereales y de las leguminosas. Tal vez por eso la Revolución Agrícola se inició con el cultivo de cereales hasta entonces silvestres. Valoren la conjetura. Últimas noticias: se ve que antes de la aparición de la agricultura ya cocíamos pan a base de cereales silvestres. ¡Impresionante!

¿Y qué hay de la carne, tan nutritiva y esencial?, (con permiso de los veganos). El cuerpo serrano de los primeros humanos pudo digerir carne sin que se le taponaran de grasa las arterias gracias a que una mutación genética le permitió neutralizar a la mayoría de ellas. Sin esa mutación genética no estaríamos aquí. ¿Por qué? Pues porque no habríamos podido comer carne, con lo cual nuestro cerebro no habría crecido. ¿Qué fue primero, el gen o la ingestión de carne y grasa? El gen, sin duda. No obstante, a día de hoy algunos tenemos ese gen averiado y acumulamos colesterol de baja densidad con solo oler una botifarra. ¿Transmitiré a mis hijos esa mutación negativa? Es posible.

Pero la cosa no acaba ahí. Es fácil suponer que tras pasar todos los predadores por el cadáver de la cebra, poco les quedaba a los aterrorizados humanos para llenar la panxa. Pero pronto descubrieron que en el interior de los huesos había una deliciosa sustancia cargada de grasa y energía: el tuétano: el combustible para alimentar a una sesera en crecimiento. ¡Bingo! Ya tenemos a los primeros humanos rompiendo con piedras los huesos y después utilizando herramientas para ello y para raspar los restos de carne adheridos a huesos y articulaciones. He aquí como los últimos de la fila gastronómica se espabilan. El siguiente paso será la caza. Pero se tardará cientos de miles de años en dar ese salto. Pasar de agentes pasivos, recolectores y carroñeros a protagonistas del festín, no es cosa de un día.  Vamos, que no se comían ni un torrao carnoso; al menos hasta que empezaron a fabricar una serie de ayudas para poder capturar bichos: hachas-bifaces, lanzas, flechas, arpones, propulsores… Y es que los homos no están precisamente diseñados para cazar: son simios en principio… y eso limita. Es la tecnología –herramientas cada vez más sofisticadas- y la inteligencia las que nos permiten cazar con éxito creciente.

El asunto de la alimentación se ha podido establecer gracias a las mandíbulas y dientes que hemos encontrado. Cambios en la dentición señalan cambios en la dieta (debidos a cambios en el medio ambiente). Y también en microscópicos restos de la comida que se zamparon en los últimos trancos de su vida. Así, actualmente tenemos unos caninos muy poco dimensionados, ya que no tenemos que rasgan carne. Pero nuestros abuelitos más lejanos, que se lo zampaban todo sí que los tenían desarrollados.

Rincón de las anécdotas.- Hemos pasado más hambre que un maestro escuela. Esto fijo. Y Es por eso que, cuando empezaba a faltar la pitanza, nuestro organismo se preparaba acumulando grasa por si venían peor dadas. Una característica asentada durante millones de años de Evolución. Y eso tiene que ver con muchas dietas de adelgazamiento actuales: la gente come poco y sin embargo empieza a acumular michelines atocinados. La herencia tiene sus leyes.

En mi tenaz búsqueda de las peores canciones de la historia, brilla con luz propia una cantada (sic) por una criatura que atiende a Leticia Sabater.

https://www.youtube.com/watch?v=FuJh1gDL76s

 

 

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Sobre l'autor

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Salvador Martínez. Jubilado inquieto y curioso, que se pasea por una de las más apasionantes fronteras del conocimiento humano. Ante notario ha dejado escrita la frase que debe esculpirse en su lápida funeraria: "Aquí yace un tipo que dedicó su vida a comprender este mundo y sus alrededores. Fracasó." Y otra debajo: "Es la primera vez que hago un viaje sin tener ni idea de adónde voy"
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