Magia cuántica. (La realidad más allá de la razón, 3).

Magia cuántica. (La realidad más allá de la razón, 3).

dissabte 09 d'agost 2014 - 18:15 a divendres 12 de desembre 2014 - 00:45

MAGIA CUÁNTICA. (LA REALIDAD MÁS ALLÁ DE LA RAZÓN, 3)

 

El bonito número del entrelazamiento o la información corre que se las pela.

 

Cuanto más éxito tiene la teoría cuántica, más absurda parece (A. Einstein).

Bueno, ahora toca explicar un numerito en plan magia Borrás que dejará al selecto público patidifuso. Y que demuestra, una vez más, lo majaras que están las partículas.

Para el experimento deben cogerse dos partículas en buen estado, robustas, ágiles y con un espín ("giro") en condiciones de revista, por ejemplo dos electrones. Esos dos electrones se unen para hacerlos vibrar al unísono, cual almas gemelas unidas por toda la eternidad. Forman un sistema en el que ninguna de las partículas tiene existencia por sí misma; ambas forman una unidad aunque estén distantes. 

A esa situación de íntima correspondencia se la denomina estado de coherencia cuántica. Ahora las cogemos y las enviamos cada una por su lado, hasta que estén separadas por tropocientos mil kilómetros. Pues bien, aun con esa distancia de por medio, la parejita de electrones mantiene la sincronización, gracias a la función de onda establecida por el inefable Schrödinger. Es decir que están conectados como si cada uno dispusiera de un móvil galáctico con saldo suficiente para comunicarse a esas distancias. Puestas así las cosas, cogemos a uno de los electrones y le producimos un cambio, por ejemplo en el espín. El espín -recuerdo- es el “giro” del electrón; y el giro total de los dos electrones el sistema, en este caso es cero. De modo que si un electrón tiene giro izquierda, el otro lo tendrá derecha. (Por contra, si se escogen dos fotones, el cambio que se aplique en uno se reflejará en el otro exactamente). ¡Ojo al parche!: si se cambia el espín del electrón que tenemos a mano, entonces, ¡oh, maravilla de las maravillas!, instantáneamente el otro electrón cambia también su espín. Esta magia se la conoce como entrelazamiento cuántico: el concepto de que partículas que vibran en coherencia cuántica tienen algún tipo de conexión profunda que las vincula (M. Kaku). 

Bueno, hasta que no observamos al electrón que tenemos a mano para cambiarle el espín, cada electrón tiene los dos espines a la vez (ojo: los dos a la vez; ¿recuerdan el gato vivo y muerto a la vez?). Solo cuando observamos el espín del electrón que tenemos "a mano", se colapsa la función de onda, y el electrón se manifiesta en un solo estado (que es lo "normal"), lo que produce un efecto instantáneo en el otro. 

El follón está servido. Según el principio del entrelazamiento (demostrado experimentalmente en las islas Canarias y el Viena, entre otros lugares), la información entre ambos electrones no viaja a la velocidad de la luz, sino a una muy superior. Y tal comportamiento también se plantea como una constante universal.  ¡Anatema, herejía, apoplejía, apostasía! Por eso Einstein y sus colaboradores formularon la famosa paradoja, que ponía en un brete a los cálculos de la teoría cuántica. Según los cálculos realizados por Einstein y su orquesta tropical, nada puede ira más deprisa que la luz en el vacío. Pero más tarde Bell se encargó de demostrar que la información  que puede viajar a velocidades superiores a la de la luz. (Hay que joderse, mi brigada).

Y ese fenómeno se ha demostrado, como acabo de decir, en varios experimentos. Fastuoso! No solo había algo que viajaba a la velocidad de la luz, sino que iba más petada que la mascletá. A toda pastilla. Cagando leches, si se me permite la expresión.  ¿Cómo viaja esa información, cuál es la partícula portadora de esa información?, ¿cómo puede localizar una partícula a su gemela a tan larga distancia?, son algunas preguntas sin respuesta, de momento. Unos científicos indios (indios de la India, se entiende), han calculado que la información que se transmite entre dos partículas entrelazadas viaja con una velocidad 50.000 veces superior a la de la luz. Haciendo un somero cálculo, eso quiere decir que esa información viaja a unos 15.000.000.000 km. por segundo: quince mil millones de kilómetros por segundo. Como se puede apreciar, son cifras que no pueden entenderlas nuestros limitados cerebros, con su lógica y su sentido común y demás prejuicios. Pero, claro, si se transmite esa información a esa velocidad, quiere decir que entre ambas partículas hay un cordón umbilical o algo parecido, que las mantiene en contacto. Éramos pocos y parió la abuela… En base a esto, se han generado corrientes de pseudociencia y mística tronada, que se han encargado de hacer mil y una extrapolaciones para uso en sus particulares molinos. ¡Cuidado con las adulteraciones del producto original, que la cosa ya está bastante liada sin introducir elementos extraños en el sistema! 

Pero hay más. Unos científicos de la universidad de Jerusalén (sí, de Jerusalén) han colocado un par de fotones a distancia y los han entrelazado mediante la polarización (si uno se hallaba en posición vertical, el otro en horizontal), y han verificado el entrelazamiento. Pero, y ahí viene lo gordo, han destruido uno de los fotones, y lo han reemplazado por otro nuevo. Pues bien, el fotón nuevo presenta el mismo entrelazamiento que el “muerto”, cuando ambos no han coincidido en el tiempo. ¿Debe entenderse que es posible viajar en el tiempo para obtener información?  Si esto no es magia, que venga Tamariz y lo vea. 

En este vídeo se explica con garbo y salero el numerito:

 

https://www.youtube.com/watch?v=fZkkl4n2CrQ

 

Buenas noches y buena suerte, Europa.

 

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