Desprenderse de las viejas pieles

Desprenderse de las viejas pieles

diumenge 04 de setembre 2016 - 16:30
Desprenderse de las viejas pieles

A veces resulta que crees que tienes muchas cosas que hacer y simplemente resulta que tienes que tirar viejas pieles de serpiente como quien tira jerséis llenos de bolas. Te recuerdan momentos calentitos y eso te engancha a algún lugar del pasado, pero esa que habitaba ese jersey ya no existe y sabes que cada día toca reinventarse, afinarse, como un instrumento. La vida es un concierto para instrumentos desafinados: lo dijiste alguna vez, en algún lugar.

Parece mentira lo fácil que es desafinarse. Te levantas cada día y tienes que recordar quién eres, y recorrer tus libretas para recordar cómo se escribe, y relees tus libretas y no te reconoces. A veces pretendes ponerte a escribir y no puedes más. Tienes sueño. Bostezas, te pellizcas un dedo, te pellizcas el alma para ver qué sale de ese lugar inhabitable, tienes humo de cigarrillos en las ideas y necesitas dormir. Y eso que no fumas. Pero sí eres humo y pasos en un camino de baldosas amarillas.

Recuerdas que no hay nada mejor, para escribir, que olvidar. Olvidarse de uno mismo. Inventarse nuevas pieles.

Lees, para rehabitarte, nuevos libros. Muchos libros. Libros que se acumulan. Tus libros te calman del resto del mundo que eres tú. Porque el mundo de los otros, ese del que muchos se quejan, está ahí para hacer que te sientas real. Eso pasa: que si no existieran los demás seres humanos (esos que hacen ruido y te reclaman) tú tampoco existirías y serías un fantasma egótico lleno de quejas.

Escribes, a veces, desde el aliento de otros, y Eliot te susurra que solo conoces un montón de imágenes rotas. Y entonces piensas que sí, que respiras a través de fragmentos escritos poco a poco, sin descanso, en la lucidez que da recoger la cocina prestando atención a los platos sucios, en la alegría de saber que cada día, mientras amanezca, hay una página en blanco que te mira con ojos nuevos.

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